Capri tiene esa arquitectura escalonada que sube desde el mar hasta los acantilados — terrazas, niveles, luz en cada plano. Los Pendientes Capri llevan esa misma lógica al oído: tres placas rectangulares de latón martillado a mano por un orfebre artesanal, articuladas una sobre otra, con venturina oval engastado en la primera y en la tercera. La placa central queda limpia — latón puro, textura martillada, sin adornos.
Es una decisión de diseño muy deliberada: la piedra aparece, desaparece y vuelve. El ojo recorre las tres placas buscando el siguiente destello del cuarzo. Son pendientes largos que se mueven con cada gesto y que funcionan exactamente igual con pelo recogido que suelto — aunque con el pelo recogido ganan todo el protagonismo que merecen.
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